martes, 3 de noviembre de 2015

El tiempo presente

“Se trata menos de recordar que de reescribir la historia”
J. Lacan

Es sabido que “tiempo” es el nombre que designa la realidad en su dimensión de acontecimiento. Según el diccionario de la Real Academia Española, el tiempo es la “magnitud física que permite ordenar la secuencia de los sucesos”. Nadie duda de que el tiempo es algo que transcurre incesante y firmemente. Por ser una magnitud física, su medida es exacta; no se puede adelantar ni atrasar, solo resta vivirlo allí donde sucede.
Comunes son las fantasías en las cuales la persona se imagina retrocediendo en el tiempo para modificar así algún episodio de la vida, o para volver a disponer de algo que, en el presente, se ha perdido. Viajar en el tiempo es una fantasía que admite múltiples variantes, pero en rasgos generales se fantasea con viajar al pasado para revertir un acontecimiento o decisión, o bien viajar al futuro para evadir alguna situación presente que resulta intolerable. Otra posibilidad es la de imaginar que el tiempo se detiene, se congela en un disfrute eterno, la quietud, la calma y la satisfacción absoluta comandan la mayoría de las fantasías relacionadas con el tiempo.
Más allá del fantaseo, que representa en sí mismo un momento de placer, ¿cómo explicar ciertas sensaciones humanas como el sentimiento de que el tiempo no pasa, o que pasa muy rápidamente?.
El reloj es un referente incuestionable en lo que refiere al tiempo, es una medida real del transcurso de los segundos, los minutos, las horas. El reloj es socialmente aceptado como la medida correcta y compartida. Pero en ocasiones, las personas prescinden del reloj y viven su propio tiempo. A pesar del reloj, accesible para cualquiera, es común que las personas lleguen tarde a algunos de sus compromisos o demasiado temprano. Los sueños por ejemplo, revelan un tiempo lógico que deja a la cronología en un segundo plano. En el sueño coexisten elementos antiguos y presentes de la vida, generando la confusión entre pasado y presente. En este aspecto, la puesta en imágenes del sueño muestra contenidos que son actuales para el soñante, independientemente del reloj.
Tan conocido es ese cuadro de S. Dalí, “la persistencia de la memoria”, en donde los relojes aparecen derretidos en medio de un espacio de tipo onírico. Esa figuración que propuso Dalí es indudablemente la imagen de la realidad del psiquismo humano. Realidad que muchas veces no coincide con la realidad material, establecida culturalmente.
Por lo tanto, que la medida del tiempo sea exacta no significa que el tiempo sea una dimensión absoluta. Al respecto, A. Einstein sostuvo en su teoría de la relatividad que el tiempo no es separable de la dimensión del espacio, y que depende de las condiciones del observador (1). 
El planteo de Einstein es revolucionario en la medida en que introdujo lo relativo, pensar el tiempo como relativo equivale por lo tanto a introducir algo de subjetividad en una ciencia exacta como es la Física. Según Einstein, ni la realidad física es absoluta y estática, depende de múltiples condiciones que varían de una situación a otra.
Del mismo modo en que Einstein introdujo la relatividad en la ciencia física, S. Freud introdujo a lo inconsciente como realidad determinante de la existencia del sujeto (2). Es cierto que lo inconsciente guarda las marcas primarias de los acontecimientos (cosas escuchadas, vistas y sentidas), pero se encuentra en conexión con los sucesos actuales de la vida, y es en el presente en donde existe la posibilidad  de establecer la importancia o no de dichos acontecimientos.
Suele decirse que el psicoanálisis se remite exclusivamente al pasado, pero esta es una afirmación que proviene de aquel que, de seguro, no hizo jamás psicoanálisis.
El que pasó por la experiencia de un análisis sabe que se trabaja en el presente de cada sesión. ¿De que presente se trata?
En nuestra época, circula la ambición de “disfrutar del presente”, idea que coincide con esta otra “que no te importe nada” (3). Había una propaganda de Nike que mostraba a un deportista compenetrado con lo que estaba haciendo, y debajo de la imagen versaba “just do it”, solo hazlo. Pensar que las cosas que importan se hacen simplemente y sin remisión a la propia historia es una ilusión, lo cual no está mal porque las ilusiones siempre se venden y más aún si involucran una satisfacción inmediata. Pero ¿quién puede estar al nivel del “just do it”?.
Puede decirse que está a la altura aquel que pudo ubicarse en su historia, no aquel que vive en un presente aislado de lo vivido con anterioridad, sin cortes ni contrastes.
Por otra parte, para el ser humano no es posible que no le importe nada. Sencillamente hay cosas que importan. Aunque los intereses varíen de una etapa a otra, siempre hay algo que importa. Es más, hay cosas pasadas que importan tanto que funcionan como un tatuaje psíquico que atrae a todo aquello que ocurre en el presente, y este tatuaje o sello se imprime en diferentes situaciones actuales sin poder evitarlo, a veces sin saberlo.
Se puede decir que hay acontecimientos pasados que dejan marcas placenteras y dolorosas, pero eso no es la historia para el psicoanálisis. La historia es una elaboración que cada quién hace en el presente. El pasado sin la lectura del presente no es más que cronología, pero el presente desvinculado del pasado tampoco significa mucho.
El único tiempo importante es aquel que es habitado, vivido. Para disfrutar del tiempo presente no alcanza con revivir momentos pasados y proyectar a futuro. Es preciso reinventar la historia en el presente, lo cual anula toda posibilidad de destino prefijado.
Tal vez los futuros avances de la ciencia permitan cumplir el sueño de muchos, de viajar en el tiempo, pero ni esa posibilidad ahorraría al ser humano la contingencia de los acontecimientos y el envejecimiento. Mientras tanto, cada uno puede hacer uso de esa magnitud física que es el tiempo como le place, cuestión que no está demás resaltar. Desde el momento en que el tiempo de la física es apropiado, se transforma en el tiempo del sujeto, con toda la relatividad que puede involucrar pero fundamentalmente, permitiendo la concreción de lo deseado.
Por más banal que parezca, hay que recordar que en el pasado no se puede generar nada nuevo, solo en el presente existe la opción y el margen de libertad para modificar, reescribir, re-formular la propia existencia.


(1)El supuesto básico de la teoría de la relatividad es que la localización de los sucesos físicos, tanto en el tiempo como en el espacio, son relativos al estado de movimiento del observador: así, la longitud de un objeto en movimiento o el instante en que algo sucede no son invariantes absolutos, y diferentes observadores en movimiento relativo entre sí diferirán (las longitudes y los intervalos temporales son relativos y no absolutos).
(2) S. Freud. La interpretación de los sueños. Amorrortu Editores. 
(3) Se alude a diferentes propagandas de productos de consumo masivo.