miércoles, 19 de septiembre de 2012

El sujeto en Psicoanálisis


Como punto de partida, podemos decir que el psicoanálisis no es una psicología de la superficie, y que por lo tanto, no trabaja con un individuo al que habría que adaptar. El psicoanálisis como “psicología de las profundidades” inaugura una concepción de sujeto que tiene consecuencias epistemológicas.
Freud le otorga un lugar epistemológico a lo que la medicina no podía curar, lo que la ciencia no podía explicar, lo que la psicología académica dejaba por fuera: el sujeto del inconsciente. El sujeto en psicoanálisis es dividido, sexuado, deseante, del inconsciente.
La gestión freudiana descubre en lo inconsciente el valor de fuente y causa de los procesos psíquicos, haciendo que lo “irracional” se transforme en material de análisis. A modo de contracorriente, el psicoanálisis invita a respetar la letra, escribir el error para descifrar su sentido pleno. Elevar la equivocación a la categoría de elemento útil es ya una transgresión epistemológica que devela una confianza en la verdad inconsciente.
En el marco de las teorías de la subjetividad humana, la originalidad del psicoanálisis consiste en alojar la singularidad del sujeto y orientarla en la búsqueda de las causas. Epistemológicamente, la verdad se localiza en el sujeto. Podríamos encontrar cierta similitud con el planteo filosófico del hinduismo, con la salvedad de que el sujeto del inconsciente no tiene nada de espiritual u ontológico, es más bien un sujeto histórico que desconoce sus propias marcas.
C. Soller describe al psicoanálisis como “una terapia que no es como las otras”, afirmación que podemos fundamentar si recordamos la modalidad de funcionamiento del discurso psicoanalítico. Este discurso, es diferente por tomar aquello que los demás discursos rechazan. Podemos ser aún más explícitos y decir que el psicoanálisis es un discurso que está para alojar lo que los demás no curan. Lo que no tiene cura es el deseo y la falta de relación sexual. El psicoanálisis presta un espacio para que “lo incurable” sea simbolizado e imaginarizado, para que lo rechazado se integre de algún modo a la historia del sujeto.
La concepción de sujeto en sentido psicoanalítico aún genera asperezas al momento de interactuar con otros discursos y/o disciplinas relacionadas con la salud. Sabemos que Freud intentaba hacerle un lugar al psicoanálisis en el ámbito médico, estableciendo los rasgos diferenciales de cada abordaje y abriendo a la posibilidad de trabajo conjunto, digamos  interdisciplinario.
Decía que la invención del psicoanálisis tuvo como efecto la creación de un lugar para el sujeto del inconsciente, aquello que no cuadra con la razón y la lógica positivista. Por este motivo, el dispositivo analítico representa un lugar diferente a los lugares institucionales que poseen cierta oficialidad acorde con la lógica de la razón. En la escuela, la familia, el trabajo, no hay un lugar para el sujeto del inconsciente. Estos lugares se ocupan en relación a las “redes del poder” como afirma Foucault, el que habla y el que escucha, el que enseña y el que aprende, el que dictamina y que obedece, etc.
El psicoanálisis produce una inversión, ya que el analizante es el que habla y el analista es el que escucha, precisamente porque el lugar del analista no es un depósito de saber científico. Por otra parte, el espacio psicoanalítico introduce otro tiempo diferente al tiempo de la clínica médica, la oficina. En este sentido el dispositivo no puede aplicarse de cualquier manera y en cualquier lugar.
Nuestras intervenciones a nivel social se encuentran limitadas no solo por la transversalidad institucional al decir de R. Lourau, sino también por la misma concepción de sujeto con la que trabajamos. La renuncia a colocar nuestra función del lado de las soluciones mágicas y homogéneas nos impide trabajar a nivel de las generalidades de las grandes masas. La elección de una psicología de las profundidades lentifica el cambio de las superficies, cambio ansiado en una época que privilegia la rapidez y la eficiencia.
En estos puntos que delimitan el terreno del psicoanálisis, situamos el inconveniente y la apuesta. El hecho de que no sea una ciencia genera descalificación en el ámbito de saber científico, pero por no ser una ciencia, calificamos al psicoanálisis como método eficaz.


jueves, 13 de septiembre de 2012

El legado de Cortázar: Cronopios o Famas?



Si de ruptura de esquemas se trata, Julio Cortázar es un referente inevitable. Su extensa creación literaria  lleva la marca de su estilo extravagante y conmovedor. Amiga del surrealismo, su escritura nos invita a relajar la conciencia y dejarnos llevar hacia un terreno en donde la diferencia entre  realidad y fantasía se esfuma.
A través de exquisitas metonimias y finas metáforas  nos transporta a un mundo fantástico en donde sueño, pensamiento y acto pierden distancia cuando de deseos se trata.
Es este mundo al que los psicoanalistas llamamos “realidad psíquica”, realidad con estructura de ficción, realidad eficaz desde el momento en que es hablada, soñada o pensada. Tal como afirmaba S. Freud, una representación investida con afecto tiene igual o mayor veracidad que un contenido de la realidad material.
Para el ser humano entonces, es real si así se siente. Es real si así se piensa. Es real si así se sueña. ¿Quién mejor que Cortázar pudo describir la relación del sujeto, de este ser hablante que posee la locura en germen, con lo real?.
Basta leer un trocito, un párrafo de sus escritos y aparece la magia de lo cotidiano y sus consecuencias. A diferencia de otros escritores, su originalidad alcanza esos puntos recónditos ( y hasta difíciles de reconocer) de la existencia humana, subir una escalera, usar un reloj, encontrarse con alguien por casualidad … Cortázar supo armar bellas historias amasando lo mediocre y lo sublime de la vida cotidiana, ¿no es este el objetivo de una vida?.
Tomando una de las tantas definiciones de "lo real" que nos brinda J. Lacan (otro que rompe esquemas), decimos que lo real es lo imposible, aquello que vuelve siempre al mismo lugar.
De esta forma vemos que la relación del sujeto con lo real, es decir con lo imposible, exige lograr un cierto equilibrio entre las experiencias mediocres y los sentimientos sublimes a lo largo de la vida.
Pero que tiene que ver esta exigencia de lo real con  la ruptura de los esquemas sociales, culturales, literarios o científicos?.
En “Historia de Cronopios y de Famas” Julio Cortázar separa a la humanidad en dos bandos bien diferenciados: los Cronopios que rompen esquemas y no usan relojes y los Famas que sincronizan sus relojes a la perfección y se remiten esquemas rígidos para poder vivir. 
Los Cronopios son seres solitarios pero sinceros, mientras que los Famas están llenos de amigos pero son hipócritas. El primer grupo es valiente pero siempre llega tarde, el segundo grupo es cobarde y siempre llega demasiado rápido al lugar de la cita.
Es así que Cortázar describe estas cualidades donde el tiempo es fundamental, lo que se hace con el tiempo: si se lo usa (Cronopios) o se lo padece (Famas).
En cuanto a los esquemas, debemos diferenciar entonces dos territorios: el de la comodidad moralista que conserva los mismos esquemas de por vida por un lado (Famas), y por otro lado el terreno de la libertad ética en donde se admite la ruptura de los esquemas establecidos si resulta necesario (Cronopios). Hay que admitir que en una época como la nuestra en donde el tiempo es dinero, volverse Cronopio es difícil.
Pero en Psicoanálisis tratamos de evitar los dogmatismos, por más revolucionarios que sean siguen siendo encerronas para el pensamiento.
Por lo tanto, podríamos introducir una terceridad en esta lectura binaria del ser humano: el equilibrio, el nudo, el empalme entre el Cronopio y el Fama, de modo tal que en la vida no todo sea sublime pero tampoco mediocre, de modo que yo no llegue siempre tarde pero tampoco demasiado temprano…puede existir una posición intermedia que permita usar el reloj sin que el paso del tiempo nos esclavice. Sin hacer de la vida un elogio al sufrimiento, que podamos soportar cierto grado de dolor, pena o desdicha. La terceridad que introduce el psicoanálisis es el no-todo en el tiempo, ni antes ni después, en el momento justo, a la hora del sujeto. Ni calabozo de aire ni lecho de rosas...
Es que este real sentido, pensado o soñado del que nos habla Cortázar tiene que ser amarrado en el tiempo de cada uno; porque un deseo se vuelve acto cuando se unen realidad y fantasía, dificultad y potencia, blanco y negro, Cronopio y Fama.

"Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire". J. Cortázar



miércoles, 16 de mayo de 2012

Grandes amores: "You must remember this..."

En la canción “As time goes by” con la que F. Sinatra nos deleita se habla de esos amores que sobreviven a medida que pasa el tiempo.
Nadie se atrevería a decir que el tiempo no es un punto fundamental si de amores se trata. Y sobre todo si hablamos de amores imposibles.
Actualmente muchas parejas realizan consultas psicológicas o comienzan una terapia. Podemos decir que el malestar que trae la pareja se formula como “sobrevivimos juntos” y consultan porque prefieren vivir en vez de sobrevivir, ya no se pueden quedar en el conformismo diciendo “es lo que hay”. Hay parejas que sobrevivieron a diferentes cataclismos pero vivieron juntos pocos momentos.
Haciendo algunas distinciones, vivir en pareja no es lo mismo que sobrevivir en pareja. En el primer caso existe la creación de una vida de a dos, y en el segundo caso hay dos personas que viven su vida individualmente aunque compartan vivienda, responsabilidades, momentos, etc.
Por otra parte, mientras que el vivir habla de movimientos, el sobrevivir implica cierta detención e inclusive automatismo. Cuando el amor se vive hay diferencias pero cuando el amor se sobrevive, cada día es más de lo mismo. Las parejas suelen decir que su problema es la rutina y por eso querrían prescindir de ella, solo que en la rutina no radica la verdad del asunto. Lo que le permite a una pareja sostenerse en el tiempo no es la anti-rutina sino la estabilidad. 
La estabilidad está hecha de otros ingredientes que van más allá de lo rutinario, está hecha de las respuestas que la pareja construye a tres grandes interrogantes: ¿de dónde venimos?, ¿qué somos? y ¿adónde vamos?. Entonces, la historia, el compromiso y los proyectos hacen del amor una pareja. De acuerdo a las respuestas posibles, puede haber amor sin pareja, pareja sin amor o amor en pareja.
Si bien la canción de Sinatra es muy bella, allí no se habla de pareja. Allí se habla más bien de un amor que sobrevuela el paso de los años sin ser vivido. Una pareja hace algo con el amor: lo vive día a día, habiendo algunos días mejores que otros. Tal como dice la canción, en la pareja se trata de “hacer o morir”.
Otro de los obstáculos que muchas veces enturbia las relaciones de pareja es el ideal en donde queremos ubicar a nuestro compañero. Este ideal de relación amorosa, es “de película” como no podría ser de otra manera. Este amor casablanquesco es un amor que perdura en el tiempo aunque los amantes nada pueden hacer con él. La película “Casablanca” nos muestra que el amor realmente se vive cuando involucra una apuesta al día a día. Vale aclarar que la apuesta en cuestión implica ceder algo, y lo que los amantes deben ceder en principio son sus ideales, solo esto permite salir de la ilusión y compartir realidades con otro.
Grandes amores no son los que no pudieron ser (los famosos amores imposibles), sino aquellos que nos permiten vivir grandes cosas que habitan en lo cotidiano. Por eso, a medida que pasa el tiempo, hay que seguir a J. Cortázar y no usar relojes.

lunes, 14 de mayo de 2012

¿Que es un psicoanalista?

S. Freud nos ha brindado las bases del Psicoanálisis considerándolo un método que sirve a los fines de investigación y cura. Como practicante de este método, el psicoanalista debía cumplir con ciertos requisitos teniendo principal importancia el análisis personal. Luego de Freud, la IPA (Asociación Psicoanalítica Internacional) estableció cierta estandarización en la formación, que autorizaba a practicar el psicoanálisis a quienes cumplieran con los tres pilares de: análisis, supervisión y  formación teórica en forma cronometrada.
J. Lacan abrió al cuestionamiento sobre nuestra práctica proponiendo el concepto de “deseo del analista”, deseo enmarcado en una ética diferenciada en relación a otras propuestas terapéuticas. Asimismo afirmó que la “autorización” partía del analista y no de alguna entidad oficial y burocrática. Con la creación del “pase”, Lacan intentó remarcar la importancia del reconocimiento por parte de la comunidad de analistas aunque se corría riesgo de caer en la misma universalidad y arbitrariedad que se le había criticado a la IPA, porque ¿con cuales criterios un grupo de psicoanalistas escuchaba el testimonio de una experiencia?.
Para responder a la pregunta “que es un psicoanalista”, habría que partir de que el acto psicoanalítico es un acto de fe, fe en el saber inconsciente. El acto psicoanalítico no es impulsado por el furor de curar o por el diagnóstico, sino que exige un respeto por la letra y la singularidad de cada caso.
A propósito de las intervenciones analíticas, Freud mencionaba la necesidad de “tacto”, de paciencia por parte del analista que debía esperar el momento justo para intervenir. Es así que el tacto depende de la escucha y del estilo. Definir cuándo y cómo el analista vehiculiza un acto no es una cuestión de teoría acumulada o intercambio con colegas sino que se trata de ocupar un lugar: la posición del analista. La posición del analista es la posición del inconsciente, lo cual solo se logra gracias al análisis personal. No hay escucha eficaz desde otro lugar que no sea el lugar de un sujeto deseante.
Ahora bien, el deseo del analista se define por ser un deseo sin yo, es por eso que el analista se permite dejar de ser alguien para que un sujeto pueda aparecer. Por esta razón, ocupar un lugar no produce una juntura con el ser, creer que uno es psicoanalista suele provocar confusiones y disparar el despliegue del personaje imaginario que viste o habla de determinada manera, que analiza a medio mundo fuera del encuadre correspondiente. Hacer psicoanálisis es asumir una función vaciada de “yo soy”, lo cual no le impide al analista apropiarse de un estilo.
Por otro lado, el analista elige apostar a un discurso que denuncia lo que de nuestra época afecta al sujeto. En este sentido deberá tratar constantemente con lo que no anda en los lazos sociales, y lejos de querer normativizar a la gente enseñándole a vivir, el psicoanalista hará un lugar al sujeto por medio de la escucha con el fin de que encuentre vías de satisfacción más interesantes y menos dolorosas.
En resumen, nuestra capacidad de orientación en la práctica depende de la agudeza, el compromiso y la ética con la que cumplimos nuestra función. Un psicoanalista conoce el método gracias al análisis personal, conoce la estructura gracias a la teoría y reconoce su práctica gracias a la supervisión. Así descubre su estilo.
El Psicoanálisis mismo pone en jaque toda verdad que se pretenda absoluta y generalizable, por este motivo cuanto más cuestione su propia práctica, más precisión encontrará el psicoanalista en su saber-hacer.

jueves, 19 de abril de 2012

NUNCA MÁS...


Si consideramos la enseñanza de contenidos en la educación primaria y secundaria, vemos que solo recientemente comenzó a tratarse el tema del golpe militar, el genocidio, el terrorismo de estado en nuestro país.
En los últimos años hubo una necesidad de retomar la causa, el origen, la búsqueda en lo que atañe al golpe militar del año 76. Esta salida del oscurantismo del gobierno de Menem puede pensarse como un verdadero renacimiento de la idea de justicia con efecto retardado.  
Históricamente hablando, siempre se trató del poder, quién lo ejerce sobre otros posee territorios, bienes, status social. Las Naciones Unidas han regulado en parte (oficial y diplomáticamente digamos) lo que Freud llamó “pulsión de muerte” en el ser humano, este empuje por aniquilar al semejante que testimonian las guerras mundiales. Pero vemos que la famosa pulsión de muerte freudiana como un principio de descarga a cero es el pan nuestro de cada día bajo todas las formas de delincuencia y excesos que afectan los lazos sociales.
Podríamos situar algunos momentos cumbre de abusos del poder en la historia de la humanidad: la llamada colonización que desencadenó la muerte de las culturas precolombinas, el avance del Ku Klux Klan,  el genocidio impulsado por A. Hitler, el golpe militar como terrorismo de estado en la Argentina. Pero ¿que se quiere decir cuando se dice “nunca más”?.
Nunca más el abuso por parte del estado, nunca más la expropiación de libertad, nunca más el sometimiento a ideales ajenos, nunca más el silencio, nunca más la tolerancia frente a lo inadmisible para vivir en sociedad, nunca más la eliminación de lo diferente, pero fundamental: nunca más la repetición.
Esto resulta fundamental en el trabajo de todo psicoanalista, se trata de que el paciente deje de repetir. Se intenta apuntalar el recuerdo y la elaboración de aquello que retorna como repetición ciega.
Freud afirmaba en “Psicología de las masas y análisis del yo” que la psicología individual es psicología social por el hecho de que un individuo se constituye en permanente relación con los otros.
La sociedad argentina está recordando y elaborando la época oscura de los años 70 para que nunca más se repita algo igual. Todo aquello que se repite pertenece a una dialéctica del amo y el esclavo, corresponde a algún tipo de prisión física o psíquica. Muchas veces repetimos sin saberlo, creyendo que “es así” cuando en realidad la repetición señala algo que fue o que no pudo ser, pero nunca señala algo que efectivamente es. Podría decirse que todas las víctimas del golpe militar fueron subversivos?.
Ese fragmento de la historia que vuelve una y otra vez en acciones, sueños traumáticos o síntomas es algo que no encaja en la memoria.
A veces escuchamos cierto anhelo social de volver a la cacería de brujas, quemar a todos los delincuentes, matar a los asesinos, violar a los violadores… pero vemos que nunca se trata de venganza sino de memoria, justicia y verdad.
En conclusión, decir “nunca más” es comprender que nadie tiene el poder de arruinarnos la vida a menos que se lo otorguemos. Al final descubrimos que el silencio es una forma de sometimiento que es necesario dejar de elegir para encontrarse con la verdad.

sábado, 7 de enero de 2012

Fantasmas



"Un oscuro secreto amor, una antigua noticia por nadie confirmada, que sola continúa y pesa; el vino hace su tiempo, la distancia se puebla de construcciones memorables". J. Cortázar. Salvo el Crepúsculo.

Los fantasmas (del griego “aparición”) en el lenguaje común se refieren a las almas errantes que se manifiestan en el mundo de los vivos. En las películas de terror suelen aparecer todo tipo de fantasmas, y a pesar de las diferencias, todas las tramas tienen un punto en común: el protagonista descubre la historia del susodicho espíritu inquieto que de manera más o menos turbulenta comienza a dar señales de presencia. Es así que se trata de seres que han quedado a mitad de camino por dejar cosas inconclusas, porque hubo un crimen de por medio o porque no se realizaron los ritos de sepultura correspondientes.
En las películas de terror como en la vida, vemos que cuando algo queda inconcluso comienza a hacer estragos. Eso que no se ha terminado, que por lo general no se ha entendido del todo, retorna para hacerse escuchar.
Algo que es muy común en el terror japonés, es la repetición de la escena traumática, una y otra vez sin que haya un corte, un cierre. Queda en manos del protagonista poner un fin a la serie que se repite sin cesar e invade el terreno de los vivos. Otro aspecto fundamental del fantasma es el tiempo, que viene a ser un perpetuo presente que se eternifica por medio de la repetición. Cambian las situaciones pero no la lógica.
J. Lacan elaboro el concepto de fantasma para dar cuenta de una argumentación lógica que comanda la relación del sujeto con su deseo. En términos generales, la función de los fantasmas es doble: por un lado asustan, por otro lado sostienen cierta realidad en la que creemos. Realidad siempre construida con diferentes materiales tales como cosas vistas, palabras oídas, interpretaciones.
Puede decirse que el fantasma es una máquina de “verdades”. La verdad que encierra el fantasma es singular, y se esconde detrás de un velo, una pantalla, aparece y de repente desaparece, pero siempre está. Cuando aparece nos asusta, pero cuando desaparece sostiene todas nuestras creencias, es la realidad psíquica. Esta doble cara del fantasma facilita un abanico de variantes a la hora de entender las cosas, las relaciones, los proyectos, la propia identidad. El fantasma también escribe la forma en que disfrutamos o sufrimos. Esto sucede por la sencilla razón de que se trata de un argumento armado por el sujeto, es una respuesta a una pregunta. El fantasma revela la forma en que el sujeto pudo responder frente a aquello que no tiene respuesta, por eso el fantasma muestra una escena imposible.
Volviendo a las películas de espíritus, vemos que el fantasma puede ser tocado y no sufre ninguna alteración. La única forma de que los espíritus descansen en paz es si los atravesamos por completo conociendo su historia. Es en éste momento cuando el velo cae. Eso a lo que más le temíamos se quita el disfraz y que hay debajo: nada. Detrás del velo está el vacío.
Podemos decir que el fantasma es una ficción que cuando se atraviesa deja de asustar y permite producir.