jueves, 13 de octubre de 2011

SOBRE LA FUNCIÓN PATERNA


Una de las preguntas que atraviesa la obra de Freud es “¿qué es un padre?”. Dicha pregunta nos remite no solo a los ideales sociales que recubren la noción de padre, el cómo debería ser, sino también a la función que el padre tiene en la familia. En Psicoanálisis cuando hablamos de padre necesariamente diferenciamos la función paterna de la persona que encarna esa función. Muchas veces se tiende a culpabilizar al padre o a la madre del padecimiento de sus hijos, cuando en realidad se trata de poder asumir o no una función simbólica en la dinámica familiar.
Hablar de familia nos invita a contextualizar las configuraciones actuales que adopta. A diferencia de otras épocas, la familia actual ya no representa necesariamente el modelo tradicional del padre, la madre y los hijos. Se observa un cambio no solo en los miembros que conforman la familia (la adolescencia tardía unida a las dificultades de inserción en el mercado laboral por ejemplo, llevan a que los hijos extiendan su permanencia en la casa familiar e incluso incorporen a su pareja en la convivencia) sino en cuanto a los roles que cada miembro desempeña. Es así que en épocas anteriores, la mujer se encargaba de la crianza de los hijos y el hombre salía a trabajar. La clásica imagen del padre autoritario que establece las leyes en la casa fue decayendo, la mujer fue tomando otros lugares sociales hasta el momento emparentados con lo masculino, y se estableció cierta “igualdad”.
Desde la Sociología, autores como R. Loureau plantean a la familia como una institución en donde los actores que la componen desempeñan un papel específico. Y como toda institución se encuentra atravesada por factores históricos, sociales, económicos, políticos e ideológicos característicos de una época determinada. En nuestra época, muchos autores hablan de “una declinación de la función paterna”, que se traduce en una dificultad a la hora de instaurar ciertos límites. Como en espejo, lo que se observa en algunos niños a los que se los diagnostica desde la Psiquiatría con el “Trastorno de Hiperactividad con déficit de atención (THDA)” se ve reflejado en el permanente traspaso de los límites que figuran los robos, asesinatos, violaciones que aparecen en las noticias diarias.
Para responder por la identidad del padre, Freud recurre al mito, en donde tuvieron nacimiento las dos leyes fundamentales de la cultura: ley de prohibición del incesto y parricidio. Podemos afirmar que la función del padre es poner un límite real, imaginario y simbólico en la relación del niño con su madre, el padre produce separaciones, distingue lugares dentro de la familia y de esta forma orienta al niño en relación con su propio deseo. Para ejemplificar esto, J. Lacan describe la función paterna como una “carretera principal” a partir de la cual el hijo puede orientarse simbólicamente y no perderse en el camino. Gracias a la función más o menos lograda del padre, ya que siempre es fallida, disponemos de recursos para enfrentar los acontecimientos o situaciones que van surgiendo.
Es por eso que ante un cambio importante en nuestra vida, recurrimos al padre. Y este padre por ser esencialmente un símbolo, puede encarnarse en el padre biológico, en la pareja de la madre, en la abuela, en un amigo, en un hermano, en Dios. Entonces el padre limita, ordena, orienta, protege y sostiene al sujeto.
Pero para que alguien de carne y hueso pueda cumplir la función paterna es imprescindible que la madre lo permita y autorice. Por más que el padre sea excelente, si su palabra no vale para la madre, tampoco valdrá para el hijo. Así como la madre sitúa su deseo en el padre (y no en su hijo) el padre debe desear a esa mujer. Es por eso que el padre transmite no solo la ley sino también el deseo. Esta estructura es lo que permite que, aunque el padre real esté ausente, la función se cumpla, o que una persona que no es el padre biológico pueda desempeñar su papel.
Recientemente leí la noticia de que en México los matrimonios iban a durar dos años con posibilidad de renovarlos a partir de los numerosos divorcios existentes. Frente al divorcio en el decir popular aparece la frase: “no te separes de tu mujer porque vas a dejar a tus hijos sin padre”. Cuando en realidad, los matrimonios infelices corresponden a otro momento histórico, y  la función del padre con respecto a sus hijos se sostiene del deseo que ese padre transmite. Si ese padre permanece al lado de una mujer que no desea, lo que le transmite al hijo es justamente eso, no luchar por aquello que ama.
Siempre vamos a estar en deuda con nuestros padres a menos que esa deuda pueda ser pagada con los propios hijos.